martes, 1 de abril de 2014

50 películas que cambiaron al Cine (3/10)

50 películas que cambiaron al Cine.

Parte 3 de 10

No. 40   8 ½ (1963) de Federico Fellini.

Tras la obra cumbre que le significó La Dolce Vita (1960), su octavo filme, Fellini enfrentó el bloqueo creativo. Este fue el resultado: Una farsa delirante y llena de vida donde los sueños y la fantasía se mezclan con la realidad. Una obra inolvidable. A partir de aquí, todos querrían ser como Fellini.




No. 39  Il buono, il brutto, il cattivo (El Bueno, el Malo y el Feo, 1966) de Sergio Leone.

Obra maestra del Spaghetti Western. La historia de la búsqueda de un tesoro durante la guerra civil norteamericana aún tiene interpretaciones hasta bíblicas. El gran uso del Widescreen, su música y todo recurso técnico de la época la vuelven un clásico que luce mejor con el paso de los años.


No. 38  Un homme et une femme (Un hombre y una mujer, 1966) de Claude Lelouch.

La jornada sentimental de una pareja sin ñoñerías ni cursilerías. Lelouch lo logró además con un estilo visual atractivo al combinar color, blanco y negro con sepias. Gran fotografía y musicalización. La Nouvelle Vague le hizo un favor a un género tan limitante (y limitado).


No. 37   2001: An Space Odyssey (2001, Una Odisea del Espacio, 1968) de Stanley Kubrick.

Ciencia Ficción Pura, a la vanguardia de efectos especiales, visualmente arrebatadora, por un director perfeccionista. El significado de su historia, presumiblemente mística, continúa en un enigma hasta nuestros días.


No. 36   Night of the living dead (La Noche de los Muertos Vivientes, 1968) de George A. Romero.

Película de bajo presupuesto Serie B que oficializó el terror gore, creó la mitología de zombies caníbales (con toda interpretación metafórica) y por si eso no fuera suficientemente provocador, el protagonista es un negro mucho más listo que todos los blancos a su alrededor.


lunes, 31 de marzo de 2014

50 películas que cambiaron al Cine (2/10)


No. 45 Citizen Kane (El ciudadano Kane, 1941), de Orson Welles.

Al fin el estilo literario de narración con saltos en el tiempo hacia el pasado (la retrsopectiva) que avanza conforme a la narración inicial (el presente) como ocurría ya en la literatura llega al cine revolucionando su forma de contar historias (ya que fue bien aceptada por el público) con lo cual provocó una cátedra en la edición que también dio un salto al frente. Welles crea una obra maestra con todo recurso filmico del que dispone en ese momento, que de paso balconea al multimillonario William Randolph Hearst, quien boicoteó la cinta. Además, verán que el trailer ya era una pequeña pieza de colección por su forma tan "sui generis" de presentar la película.




44. Ladri di biciclette (Ladrón de Bicicletas, 1948) de Vittorio De Sica.

Una de las obras máximas del neorrealismo italiano, que se caracterizaba por el uso de actores no profesionales sino de las personas reales que intervenían en las historias de la vida que representaban. Algo que todavía ocurre en el cine  de hoy en su búsqueda de retratar la realidad. La cinta sigue teniendo la misma fuerza narrativa a pesar del paso del tiempo.


No. 43 Rashomon (1950) de Akira Kurosawa.

Una historia que cambia dependiendo del punto de vista de quien la cuenta. El modelo presenta posibilidades infinitas de narración. El maestro del cine japonés que cuatro años después filmaría la legendaria “Los Siete Samurais” tiene muchas formas de narrar y todas serían adoptadas por quienes le siguieron. El trailer está en japonés subtitulado en inglés, pero véanlo y disfruten de la poderosa construcción de la imagen del maestro Kurosawa.


No. 42 Les 400 Coups (Los 400 golpes, 1959) de Francois Truffaut.

Una de las obras emblemáticas de la corriente de la Nouvelle Vague hecha por verdaderos cinéfilos haciendo sus propias directrices de lo que querían ver. Narra la historia de Antoine Doinel, alter ego del director, siendo un niño lleno de problemas. Su historia se seguirá contando en un orden cronológico por 20 años; caso único en la historia del cine. De nueva cuenta, disfrute del trailer en su idioma original:


No. 41 Psycho (Psicosis, 1960) de Alfred Hitchcock.

El maestro del suspenso logra con un presupuesto modesto una de las obras maestras del cine. Basada en un relato de Robert Bloch, creó el subgénero del slasher (de psicópata con cuchillo). No hay quien no conozca el leit motiv musical (que todavía “freakea”). El trailer es una joya presentada por el mismo Hitchcock en su clásico estilo dándonos un tour por el set, pero sin subtítulos.




viernes, 28 de marzo de 2014

50 películas que cambiaron al Cine (1 parte de 10)

Acompáñenme en esta selección personal de las cintas que dejaron una marca indeleble en la historia del cine, para bien o para mal. Como todo listado tiene su polémica y les aseguro que habrá algunas sorpresas:


No.50 Le Voyage dans la Lune (El Viaje a la Luna, 1902) de Georges Méliès.

Cuando las personas apenas se estaban acostumbrando a las “vistas”, un director de teatro y prestidigitador se le ocurrió que al filmar a una persona, luego una explosión de humo, luego filmar el lugar vacío y finalmente cortar y pegar correctamente la escena lograría una desaparición así como el efecto contrario. Habían nacido los efectos especiales y las narraciones ficticias (incluyendo el género de la ciencia ficción).
Por cierto, Georges Méliès es el sabio que habla a los científicos.



No. 49 Броненосец Потемкин, o Bronenósets Potyomkin (El Acorazado Potemkin, 1928) de Sergéi Mijailovich Eisenstein.

Eisenstein descubrió el poder dramático de los encuadres en ángulos inclinados y lo más importante: en la edición al prolongar los momentos como en la ya clásica secuencia de la escalinata de Odesa, muchas veces repetida.




No. 48 Un chien andalou (Un perro andaluz, 1929) de Luis Buñuel.

Practicamente un manifiesto surrealista. Luis Buñuel dejó atónita a su audiencia desde el primer fotograma. Los efectos especiales servían para traer el mundo de los sueños a la realidad de la lente. La coherencia en la narración pasa a segundo término con lo que empiezan nuevas formas de cine que apelan más a la impresión emocional que causaba en el espectador con un discurso casi poético. Parece que el cine no tenía límites.



No. 47 Animal Crackers (Galletas de Animalitos, 1930) de Victor Heerman.

Llegan Groucho, Chico, Harpo y Zeppo: Los hermanos Marx en un film loco, ilógico y desternillante. Atrás quedaron Max Linder, Charlie Chaplin y Harold Lloyd. Además del gag, hay que estar listo a los diálogos. Su equivalente infantil (y practicamente sus padres) serían nada menos que los Looney Tunes.




No. 46 Hell’s Angels (Los Ángeles del Infierno, 1930) de Howard Hughes.

Un capricho de su director, un junior multimillonario con desorden de obsesión compulsiva que enloquecía por aviones y chicas con busto atractivo. Costó 4 millones de dólares: primera mega-producción y casi primer mega-churro de no ganar el doble de su inversión.





miércoles, 26 de marzo de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: Her (Spike Jonze,2013)… o cuando el destino nos alcance.

Sería este quizás el blog más corto que he escrito pero ¿cómo hacer un comentario sobre esta cinta sin develar partes importantes de la historia?
Si hay una película que de verdad confronta de manera tan contundente y frontal al espectador sin necesidad de violencias visuales, sólo con su discurso, definitivamente sería Her de Spike Jonze.
Hay una cascada de temas que pone en la mesa: La naturaleza de las emociones humanas, su condicionamiento, cómo se generan y cómo funcionan, qué es la soledad, la alegría o la depresión, qué son las relaciones humanas, qué onda con la inteligencia artificial, cuál es su límite, la humanización de la tecnología y la despersonalización de nuestras relaciones a través de ella, nuestra dependencia actual de las computadoras, el papel futuro de los universos y personas virtuales en nuestra vida y afectos. Acusa qué tan mal estamos preparados para sobrellevar nuestras complejas interacciones personales y cómo las paliamos con el entretenimiento de la tecnología que, como buen producto de mercado, está dispuesto a “satisfacer” nuestras necesidades (mientras tengamos dinero, dicho sea de paso). Anuncia un futuro que ya nos alcanzó: la enajenación por tecnología y prefigura la gran pandemia de nuestro tiempo y del porvenir: la depresión por soledad.
Con todo lo anterior no pareciera una cinta tan disfrutable cuando en realidad lo es
en demasía. Permítaseme ponerlo en mayúsculas: es una de las GRANDES películas que no hay que perder. Pareciera un ejercicio modesto de su talentoso creador Spike Jonze, quien ha sobrevivido de mejor manera (a diferencia de Michel Gondry) la orfandad en que les dejara su guionista Charlie Kaufman al independizarse. Tras apostar por el neurótico cuento infantil de Where the Wild Things Are, se mete a escribir el guión para luego dirigir Her y el resultado es que no sólo pasó la prueba con honores, sino que logró una historia de ciencia ficción tan profunda con un punto de vista de autor y voz propia para situarse dentro de la élite de cineastas a seguir para ver el cine que importa.
La parte actoral cae en la parte de interpretación integral de un sobresaliente Joaquin Phoenix que le da el rostro a la melancolía y en la voz de Scarlett  Johansson que logra una insuperable interpretación sólo con su voz, que ya es decir. También Amy Adams, Rooney Mara y Olivia Wilde (qué luce como un Chucky en ésta) dan el tono ideal al escenario futurista-onírico que plantea el director.
Merece todo lo bueno que se ha dicho de ELLA.

Ahora sí que cada quien sabe con qué fapearse… 

lunes, 24 de marzo de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: 300, Rise of an Empire (Noam Murro, 2014)…o una tragedia según se vea.


El título es sólo una referencia para que el público identifique la franquicia (sí, es lo más seguro mientras sobrevivan personajes de la primera), pero no se encontrarán Leónidas y su guardia personal más que como mero recuerdo. Tampoco la filosofía que tanto marcó la primera cinta (y tenía que ser, si los protagonistas de ésta son un pueblo de idiosincrasia distinta). Pero valoremos todo con tiempo.
300, Rise of an Empire está basado en el cómic “Xerxes“ aún inédito del mismo Frank Miller (quien supongo que tendrá oportunidad de hacer ajustes al misma tras la prueba pasada por la cinta). Pero conforme avanza la cinta, es la historia de Xerxes (que no debe ser tomada literal a fin de no perder la verosimilitud de la historia) la que queda en un breve enunciado pues rápidamente toma el protagonismo de la cinta un personaje de mayor peso y complejidad: Artemisia, interpretada por Eva Green.
Artemisia sí existió en realidad y también fue una capitana naval como narra la cinta. De hecho, fue una reina que sobrevivió a las guerras entre Persia y Grecia, pero en la historia de Frank Miller es, otra vez, un personaje digno de tragedia griega. Artemisia sufre de un pasado lleno de dolor y humillaciones (no hay que olvidar que la mujer sufría una mayor discriminación y es prácticamente borrada en su participación social durante estas épocas), lo cual se vuelve el motor para convertirse en una guerrera superior a sus contrapartes masculinas. Y como Leónidas, marcha sin alternativa hacia su fatídico destino. En el ordenamiento de la película, no sólo es por mucho, el personaje de mayor complejidad psicológica, sino que le reservan las escenas que más hacen lucir su presencia en la pantalla. Es consabida la preferencia de Frank Miller por desarrollar personajes femeninos trágicamente griegos como la Elektra de Daredevil. Por ello fue un acierto la elección de Eva Green con su actitud femme fatale-bitch que seguramente fue el gancho para atraer a mucho público masculino además de contar con un registro histriónico justo para el papel. Al igual que su personaje, Eva Green se ve perseguida por esta imagen de dominio erótico y fatalidad establecido desde la película The Dreamers (2003), pasando por la dulce Vesper Lynd de Casino Royale (2006) hasta la obsesiva Angelique de Dark Shadows (2012) cuya escena de sexo salvaje con demanda física parece repetirse. En esencia, toda la película es Eva Green.
Su contraparte Temístocles es interesante, digno portador de la idiosincrasia griega, pero falto de fuerza en comparación con Artemisia, aunque retratado como un Ulises lleno de ingenio combativo.
Pero vamos a hechura de la cinta: 300: El nacimiento de un imperio ocurre desde la Batalla de Maratón hasta la de Salamina. Cumple como su antecesora con saciar el apetito por acción, violencia y sangre (de hecho, una desventaja de ésta es su fallido efecto de sangre que brota de las heridas espesa como gelatina en contra de los “chisguetes” líquidos que salpicaban en la primera). La acción, mayor en cantidad que la primera 300, vuelve al formato en cámara lenta, aletargando y avanzando, en plano general y luego al primer plano según se desarrolla el combate. Como en el cómic, se favorece la construcción estética de la imagen y luce de sobremanera la elección de colores fríos para el ambiente naval y el uniforme griego, en contraposición con los espartanos que lucharon en tierra y su vestimenta lleva colores cálidos. Lamentablemente el paso del tiempo afectó a la continuidad que se nota más en la Reina Gorgo, la esposa de Leónidas (Lena Headey) quien ya no luce como hace 7 años.

Más compleja en cuanto a cronología narrativa, discurre en retrospectiva, perspectiva y acción simultánea con respecto a su antecesora, por lo que no necesariamente se requiere haber visto la primera cinta para disfrutar de la historia de 300, el nacimiento de un imperio. El inexperto director israelí Murro cumple como buen obrero con sus patrones y entrega una cinta de acción sin mucha precisión histórica que recaudará la inversión a sus productores y entregará violencia a sus espectadores, quizás en espera de una siguiente entrega.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: El Crimen del Cácaro Gumaro (Emilio Portes, 2014)…o el despapaye nacional.

Una producción de respeto (comparada con parámetros mexicanos) donde se mete todo lo habido y por haber en el cine (prácticamente todos los representantes del cine nacional están allí, desde Jorge Rivero hasta María Rojo pasando por la infaltable Carmelita Salinas), el aval de un comediante que se cuece aparte como Andrés Bustamante, además del respaldo de una distribuidora transnacional que cumplió con su parte de promoción, resultaría en un licuado difícil de igualar (y oponer) en las taquillas nacionales. ¿Qué podría salir mal o quién podría oponerse?
Ante tantas fortalezas que componen a un producto ganador el único error podía venir desde dentro de la propia película.
El Crimen del Cácaro Gumaro te recibe con un inicio vigoroso que establece el tono de la película. Estás ante una historieta abundante en chistes visuales, reminiscentes del más clásico estilo del grupo gringo del ZAZ! y que como éste, su saturación visual resultó poco favorecedora en sus inicios televisivos y tuvieron que esperar años para que funcionara en la pantalla grande. En el caso del Cácaro Gumaro, se eleva el nivel y la saturación en la pantalla es tanta que valdría preguntarse si es necesario que pase el tiempo para que funcione más en la pantalla casera gracias al DVD.
El Crimen del Cácaro Gumaro establece una rivalidad de hermanos en un pueblito pintoresco y de allí se arranca con una serie de “sketches “ armados (al más puro estilo del Güiri Güiri acompañado de su troupe  Jis y Trino) y sátiras al cine mexicano y pedradas con sosa cáustica a la realidad circundante que nos hace reír de pena ante la falta de alternativas. Algunas son genuinamente hilarantes y otras no salen del todo bien libradas. Aquí empieza la irregularidad de la cinta.
Por la mitad, la saturación barroca empieza a cansar al espectador y ahí ya se antoja que la duración pudo ser menor. Algunas secuencias como la del protagonista lanzando rayos a su hermano con uno enormes lentes para prender maíz palomero francamente sobraban, no abonaban nada a la historia y sólo prolongaban más el momento de llegar al último acto que es el que verdaderamente revitaliza una trama que ya parecía agotada.
El desenlace, en el tono que ya había usado el director en su pasada “Pastorela” (2011) y con la experiencia de su ingeniosa “Conozcan la Cabeza de Juan Pérez” (2008), después de tanta mofa al cine mexicano se antojaba ideal para haber invitado a un luchador, como lo hiciera Andrés Bustamante en su homenaje al Santo en la Entrega del Ariel del 2008, pero parece que para estas alturas ya se había acabado el presupuesto.

De cualquier manera,  con todo y sus efectos visuales tan piñatas, El Crimen del Cácaro Gumaro polarizará las opiniones después de verla. Al final sólo me pareció que fue “demasiado” y que ello puede provocar agotamiento. Pero celebro que estas películas tomen el camino de ofrecer algo diferente en nuestro monótono cine mexicano que suele quedarse en lo mismo, en la autocompasión de siempre y  con sus falsas pretensiones, sin dar el salto que ya se merece y que sólo algunos cuantos intrépidos se atreven a dar. Además, si alguien se refiriera a ella como una porquería prefiero ver porquerías nacionales en vez de las extranjeras que tanto nos endilgan en las carteleras y nos chutamos sin decir pío. El cine mexicano está buscando los nuevos tonos en su comedia y en eso el equipo de Emilio Portes y Andrés Bustamante lograron abrir más el camino. Con ánimo esperaremos su siguiente golpe.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: 12 Years a Slave (Steve McQueen, 2013) o el verismo histórico.

Puede resultar fuera de lugar la siguiente comparación pero no puedo evitarla y, conforme avance mi comentario, se juzgará si valía la pena traerla a colación: El director austriaco Michael Haneke se contrapuso al cine de Quentin Tarantino al declarar que la violencia no era divertida y por ello dirigió su tesis al respecto: Funny Games, en 1997. Ahora, un año después del tarantinesco relato western Django Unchained, aparece una contrapropuesta al tema de la esclavitud mostrándola, de nuevo no como motivo para la violencia, sino como un tema sumamente doloroso y avergonzante para la humanidad. La inclusión de destacados actores alemanes en ambas cintas (pero en roles opuestos) es una mera coincidencia.
La mención de Django Unchained aparece cuando en la entrega de oscares en la que estuvo nominada fue la cinta que más hablo del tema de la esclavitud en vez de la tediosa  Lincoln de Steven  Spielberg, quien también dirigiera Amistad (también aparece Ejifor) sobre el mismo tema. Así vienen a la mente un listado de películas diversas que hablaron sobre la esclavitud negra hasta su abolición en los Estados Unidos de Norteamérica: desde The Birth of a Nation (D.W. Griffith, 1915) hasta el Manderlay (2005) de Lars Von Trier, pasando por Gone with the Wind (Victor Fleming, 1939) y la serie de televisión Raíces, ninguna película hasta ahora había retratado con tanta crudeza y verismo el tema hasta 12 Years a Slave del británico Steve McQueen.
McQueen, en ésta su tercera cinta, que tiene experiencia en el tema del cautiverio (Hunger, 2008, su ópera prima) toma la fuente de la historia, el propio libro de Solomon Northup y lo traslada al cine con pocas libertades artísticas, como si rodara un documental en pleno periodo de 1841 hasta 1853, algunas tomas con la cámara al hombro al más puro estilo del cinema verité, en otras con moderados plano-secuencias cuya persistencia provocan angustia en el espectador. McQueen usa todo lo que tiene en su acervo para desarrollar una película en su propio estilo, con un tema poderoso gracias al material original, que nos lleva a sentir la aberración de la esclavitud y el racismo, el vergonzoso despojo de los primordiales derechos de la persona como su identidad, su intimidad, su dignidad y hasta su nombre.
En el plano actoral, también hay escenas que se desarrollan con la “naturalidad” del diálogo teatral o de plano en franca improvisación dada la “frescura” (refiriéndose a la captura de gestos y emociones que se sienten reales) con que se desarrollan. Actuaciones inolvidables de Chiwetel Ejifor (de dotes comprobadas en la actuación v.gr. Lola de Kinky Boots), Lupita Nyong’o (seguramente el personaje que nos dolerá más y terminará haciéndonos preguntar cuál habría sido su suerte) y Michael Fassbinder con su atormentado y voluble antagonista.

Si se trata de ver el cine que de verdad importa, 12 Years a Slave es de las que no hay que perderse. Un triunfo en la manera de contar una historia con estilo propio y contemporáneo, cinta bella dentro de su pesaroso tema, un retrato que no pareciera tan lejano (y que bien sigue ocurriendo en otras latitudes) y un recordatorio de lo que no debe volver a pasar.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: The Monuments Men (George Clooney, 2014)… o hasta John Sturges, Robert Aldrich o Jack Smight habrían firmado ésta.


Así es, definitivamente no es Saving Private Ryan, aunque la gente se remita a ella en cuanto ve a Matt Damon en el cartel. La nueva cinta dirigida por George Clooney se basa en el segundo libro del historiador aficionado (primero fue  corredor de bolsa, luego petrolero) Robert M. Edsel, ahora escritor de tres libros sobre los robos de arte durante la Segunda Guerra Mundial y presidente de la Fundación al respecto. Los propios libros presentan sucesos que aún están a debate (como la respuesta contraria dada por Konrad Kramar de que los Monument Men llegaron tarde en el episodio Altaussee, según http://www.laprensa.com.ar/419201-Un-saqueo-de-pelicula.note.aspx ) y que el mismo Edsel menciona como un número de personas (que asciende a  poco más de 365 de 13 paises distintos) que no trabajaron como grupo.
Pero por evidentes fines dramáticos, la cinta de Clooney se toma sus libertades para traernos una cinta de múltiples registros (lo que para unos puede ser una falla para otros virtud). Lo que sí hace es amalgamar a uno de los elencos más interesantes ahora que eso también es tema de competencia entre las productoras.  Destacan John Goodman quien ilumina la escena desde su primera sonrisa, Bill Murray situado en un melancólico ya prefigurado en Lost in Translation, Bob Balaban que se revela un maestro en lograr el humor con sutiles gestos y miradas y Jean Dujardin todo sonrisa seductora.
La historia, heredera del cine bélico más clásico, reúne a un grupo inverosímil para una misión condenada. Los Monuments Men deben rescatar todo el arte posible previamente robado por Hitler en una carrera contra el tiempo antes de que los nazis lo destruyan debido a un “Decreto Nerón” o que sea saqueado por un equipo soviético de apropiación de trofeos, además de luchar contra la apatía de las propias fuerzas aliadas mientras se dividen en varios frentes y se suceden distintos episodios anecdóticos. Los tan buscados santos griales son el Políptico de Gante de Van Eyck y los Hubert, asi como La Madonna de Brujas de Miguel Ángel.
Al final (sí, discúlpenme que se los diga, superando a la patética escena de Saving Private Ryan) me quedó la sensación de haber visto algo que valía la pena ver visto. No requería de llevarme hacia la tristeza o de incitarme hacia la violencia para hablarme de algo importante. Había terminado la balada de un grupo de hombres buenos que entraron entre líneas de combate por un ideal tan noble como la preservación de obras de arte para las futuras generaciones. Permanece la duda (y la tristeza) de cuántas obras fueron perdidas o definitivamente destruídas para la humanidad. Si historias como Die Bücherdiebin (Ladrona de Libros) o Elle s'appelait Sarah (La llave de Sarah) son valiosas por los temas que nos evocan, los sentimientos que nos recuerda, con más razón The Monument Men con sus anclajes en una pasado que sí ocurrió y que por ello con gusto la habría firmado el propio Steven Spielberg.
Queda el incentivo de contar otras historias al respecto, de investigar los hechos en los libros y de no permitir que otro crímen de este calibre vuelva a ocurrir o ¿que acaso para recordárnoslo no se hacen estas películas?


Enlaces para consultar:
Los verdaderos héroes hasta ahora conocidos y obras aún perdidas, entre otros temas:
La historia real abreviada:









martes, 18 de febrero de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: Robocop (José Padilha, 2014)…o “si no está roto, no lo compongas”.


Puedo cometer una injusticia con la nueva versión del policía del futuro pero me la reservaré para el final. Lo cierto que la falta de ideas para emprender nuevas películas o, según dicen en Hollywood, el reinicio de una franquicia actualizada para una audiencia de nueva generación hace que se atrevan a volver a hacer una copia de una “obra maestra” que merecería permanecer intocable. Si no puedes mejorarlo, no te expongas al ridículo (o como dije, si no está roto no lo compongas). Pero tratándose de un personaje que involucra la tecnología, ¿de verdad que no puede mejorarse? Seguro que tras verla comenzarán las comparaciones; es lo natural cuando tienes una referencia previa (como ocurre con los libros). Veamos:
ROBOCOP 2014
ROBOCOP 1987
Joel Kinnaman como Robocop luce más perdido, sin control en momentos de violencia y más perdido en momentos emotivos. Apenas cumple.
Peter Weller en su faceta personal tiene mejor presencia y personalidad, como robot es más “robótico”. Marcó al personaje.
Michael K. Williams es más lógico como Jack Lewis de compañero de otro policía. Poco peso en la historia y sin mucha presencia actoral.
Nancy Allen es más bonita pero sigue la tendencia del director Verhoeven de la igualdad de sexos para el combate en el futuro. También es mejor actriz e influye en la historia como compañera de Robocop.
Gary Oldman como el Dr. Dennett nos regala una gran actuación como una especie de Dr. Frankenstein que tiene la llave para vencer a la muerte en pos de mejorar la vida pero su creación se vuelve en contra. Excelente.
Los doctores originales tienen poca ingerencia.
Michael Keaton también marca un regreso triunfal como el Ejecutivo de CEO Raymond Sellars, un visionario que hará todo lo que está a su alcance por su ambición de colocar su producto en el mercado americano.
Ronny Cox, Miguel Ferrer, Dan O’Herlihy, Felton Perry lograron una buena dinámica de intrigas y zancadillas entre ejecutivos, sobresaliendo Cox con su presencia.
Abbie Cornish es la linda esposa de Murphy que, junto con su hijo, desequilibran al robot original. Gran presencia y buena participación cumple con su fin en la historia.
La esposa de Murphy apenas aparece y es más su noción la que impulsa al policía. No decisiva.
Samuel L. Jackson, el Carmen Salinas Americano, se disfruta en sus cortas escenas. Punto a favor como conductor fascista.
Las intervenciones televisivas son grandiosos desahogos para la tensión de la trama. Distinto a lo que hace Jackson en la nueva versión.
Los delincuentes son meramente decorativos. Se centra en el Departamento de Policía y su concubinato con los Ejecutivos Militares. Rick Mattox del desdibujado Jackie Earle Haley parece más un préstamo de Elysium (el Kruger de Sharlto Copley), molesto como un mosquito y sin peso en la historia.
La grandiosa pandilla lidereada por Clarence Boddicker (Kurtwood Smith) es única y carismática, todo un portento de sadismo.
La estructura de Robocop es más ergonómica, ligera y totalmente desarmable (su visor se coloca o retira con rapidez), no requiere alimento y sólo un saneamiento de sangre, con 2 armas y una motocicleta veloz.
Robocop era un mazacote de pesado fierro que requería un taladro para desarmar su casco, necesitaba gerber para comer, tenía sólo una pistola y conducía una lancha de Taurus.
Guión más inteligente, incorpora la actualización en tecnología, la globalización, el internet, la bioética y las nuevas tendencias en desarrollo conductual y psicológico. Pero narrativamente es más torpe, toma más tiempo en despegar y el conflicto inicial fue un mero trámite, situándose más en el proceso de creación (con todo y escena de carrera inicial por el campo de cultivo estilo Avatar)
Un guión sumamente dinámico, arranca desde la primera escena y sitúa un tono de comic con la presencia constante de un ambiente violento producto del desempleo, una sociedad de consumo americana más controlada por los medios y un gran noticiero con toques de humor cáustico dignos del gran Verhoeven. Mucha acción y gran desarrollo de la trama.
Muchas ideas originales.
Escenas más gráficas de lo que quedó del organismo de Murphy, poca violencia y acción moderada al final.
Mucha violencia gráfica y mucha acción de principio a fin.
Un director, José Padilha, que apenas cumple con su overol y su estrellita. Respaldo filmográfico aún corto (con su éxito Tropa de Élite), toma similitud en el tono de la reciente Elysium y en la personalidad de ambiente (y música) de la trilogía del Caballero de la Noche de Nolan. Poco aporte personal.
La presencia del gran Paul Verhoeven que controla toda la cinta con su visión del cine y su humor. Gran pieza orquestal de Basil Poledouris, grandiosas animaciones en “stop motion” y efectos de Davies/Tippett y el gran guión de Neumeier/Miner sobre la incidencia de la violencia, la manipulación de los medios masivos de comunicación y el contubernio del gobierno y empresarios en la sociedad americana.


Robocop (2014) no es mala, simplemente carece de un gran visionario en la silla de director como Paul Verhoeven y eso, para mí, es la pequeña ENORME diferencia en una película que sigue siendo una clásica obra maestra del cine contemporáneo. Monetariamente, los clásicos significan una mina de oro. Pero por concepto, es difícil superar lo insuperable.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: 47 Ronin (Carl Rinsch, 2013) o el arte de destruir en dos horas lo que tomó más de 300 años en prevalecer.

No hay mucho que decir: Una leyenda japonesa destruida por Hollywood. Expresado así no creo que les cause mucha gracia a los nipones. Cuando ud. termine de ver esta cinta discernirá en automático cuáles son los personajes (y sus historias) impostados en una historia tan real y tradicional que soporta por sí sola las tonterías infantiloides que pretendan enjaretarle.
Ud. puede buscar la leyenda de los 47 ronin en libros (o ya en la actualidad de plano en Wikipedia) y conocer las implicaciones de los hechos ocurridos y lo que no ocurrió en una cultura milenaria, en su idiosincrasia y hasta en su arte. También puede buscar las versiones cinematográficas precedentes (también se le refiere en la película Ronin  de John Frankenheimer de 1998), conocer sobre puestas en escena y en diversas publicaciones. El relato en sí da para mucho, ¿y esto es lo único que puede lograr el Sr. Rinsch y su compa el Sr. Reeves?  Por lo menos esperemos que esta cinta despierte la curiosidad de los occidentales para documentarse al respecto.
La cinta descansa en la verdadera actuación de Hiroyuki Sanada y sus seguidores. Pero falla en todo lo que concierne a Keanu Reeves (¿de verdad con la tontería del mestizo se interesa a los occidentales?), Ko Shibasaki y hasta una desperdiciada Rinko Kikuchi que no nos niega sus detalles de femme fatale pero está a 3 siglos de distancia de lo que lograra en Pacific Rim.
El problema es que la película no alcanza a prender: Un director inepto que no por especializarse en publicidad estaba ya listo para una cinta de 2 horas. El resultado es una película palomera que falla en es: en ser palomera. Hasta eso es un arte y si no véanse ejemplos como Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl (2003) o hasta la ya mencionada Pacific Rim (2013). Y discúlpeme, Sr. Rinsch, pero está muy lejos de maestros del género como Spielberg, Lucas o Zemeckis, por poner algunos ejemplos (y que seguramente habrían hecho maravillas con este guión tan problemático de haberles caído en sus manos de Midas). Y qué decir de Keanu Reeves, que actúa con toda la fiaca del mundo, como que no quisiera estar allí (ya muy lejos de su primer Matrix).

Mejor dejen ésta para verla en la tele una tarde de aburrimiento.

jueves, 6 de febrero de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: The Wolf of Wall Street (Martin Scorsese, 2013)...o de vuelta en la banda.

La historia de Jordan Belfort ¿será recuento biográfico, una leyenda, una crónica de una época, una alegoría, un relato moralista? Habría mucho qué discutir entre lo que es y lo que no es. Sí es un relato machista, misógino y abundante de cinismo. Y también contiene mucho de la realidad tal y como es percibida en estos tiempos (pues la verdad, bien sabemos, depende del cristal a través del cual se le mira).
Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio) es un boy scout recién salido de la escuela, joven, recién casado y sano. Con suficientes prejuicios para parecer tonto pero con una gran ambición como para meterse al estanque de los tiburones. Allí tiene la fortuna de conocer a su primer mentor (Matthew McConaughey en otra pequeña participación que se roba cada escena en la que interviene asegurándole el mejor año de su carrera y haciéndolo el único merecedor del premio de la Academia) con el cual cae parado.
Su primer revés (el lunes negro de la Bolsa de Valores en 1987) lo saca de su mundo de fantasía y le deja con su corta experiencia en un pequeño despacho de corredurías domésticas, como lobezno en corral de ovejas. Su incidental encuentro con su vecino (Jonah Hill que como otros actores antes que él han superado la transición de las comedias soeces al drama tipo Tom Hanks) termina por cerrar la pinza para acabar con las inhibiciones de Belfort y echar a andar la verdadera historia de la película.
Es así como el alicaído Martin Scorsese empieza a tejer una crónica de ascenso y caído del imperio americano, del aprendiz de brujo que empieza a manipular al sistema hasta que éste se vuelve tan monstruoso que se vuelve contra su creador. Hay algo que el director de ascendencia italiana vio en el joven DiCaprio para tomar el lugar de su actor predilecto que antes ocupara Robert De Niro. Su apuesta no ha sido en vano: desde que iniciara con limitado galancito fallido en Gangs of New York (2002), pasando por  la dispareja The Aviator (2004), la penosa copia de The Departed (2006), el raro ejercicio de género fantástico en Shutter Island (2010) es ahora en The Wolf of Wall Street cuando DiCaprio muestra la maduración que ha sufrido a manos de su padrino Scorsese, quien a su vez, regresa como pez en el agua al género que de verdad domina: al de los gángsters, ahora de cuello blanco.
Con un ensamble actoral que impresiona por la solidez de sus actores de cuadro (¿de dónde ha revivido a tantas cartas quemadas como P.J. Byrne, Kenneth Choi, Ehtan Suplee, Tobi Welch, Brian Sacca y Henry Zebrowski y de dónde sacó a una inolvidable Margot Robbie?) esta película le planta cara a su similar American Hustle en la cual aparece, irónicamente, el viejo De Niro encasillado en lo único que sabe hacer: mafiosear. Este tándem estaría condenado a sus encasillados lugares comunes si no fuera porque Scorsese nos traduce al mundo de hoy en el cual el dinero es poder, sexo y drogas, la combinación ideal para hacer pasar al tiempo a una sociedad aburrida (parafraseando a Anne Hathaway en Havoc - 2005). Jordan Belfort, a diferencia de Steve Jobs (y la fallida Jobs, 2013), toma a su trouppe entera y la lleva a la cúspide del entrepreneur y comparte lo que tiene al igual que el mismo DiCaprio toma a sus compañeros actores y se amalgama con ellos en un cuadro de actuación que no se veía desde hace tiempo en la filmografía de Scorsese. Como nota extra habría que añadir que Leonardo DiCaprio interpretó en el mismo año a dos muertos de hambre que se vuelven los potentados de la alta sociedad pero en opuestas caras de la moneda, primero con el romántico Gatsby y ahora con el guarro Belfort con su dosis de humor negro (también variante para Scorsese que pocas veces incursionaba en la comedia). Al final habremos presenciado la cacería de ovejas por parte de un lobo perseguido por un pastor, pero como dice el refrán, lo bailado quién se lo quita. Jordan Belfort es América. La toma con la cual cierra la cinta (otra genialidad del director) deja mucho en qué pensar.
Con el antecedente directo de esta historia en la película de Wall Street (Oliver Stone, 1987-el año de partida de The Wolf of Wall Street) con su Gordon Gekko cuya la referencia también aparece en el filme, la temática de ésta película de Scorsese no le hará ganar muchos Oscares. Mas bien, se trata del ya acostumbrado pase de lista condescendiente que ahora la Academia sostiene con el director en su actual periodo de “palos de ciego” para compensarle por el ninguneo de su gloriosa primera producción, pero con todo esto, The Wolf of Wall Street es un buen recordatorio de lo que Martin Scorsese podía o puede hacer. Y mejor, una promesa, un despegue de lo que está por venir, quizá.

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