Puede resultar fuera de lugar la siguiente comparación pero
no puedo evitarla y, conforme avance mi comentario, se juzgará si valía la pena
traerla a colación: El director austriaco Michael Haneke se contrapuso al cine
de Quentin Tarantino al declarar que la violencia no era divertida y por ello
dirigió su tesis al respecto: Funny Games, en 1997. Ahora, un año después del
tarantinesco relato western Django Unchained, aparece una contrapropuesta al
tema de la esclavitud mostrándola, de nuevo no como motivo para la violencia,
sino como un tema sumamente doloroso y avergonzante para la humanidad. La
inclusión de destacados actores alemanes en ambas cintas (pero en roles opuestos)
es una mera coincidencia.
La mención de Django Unchained aparece cuando en la entrega
de oscares en la que estuvo nominada fue la cinta que más hablo del tema de la
esclavitud en vez de la tediosa Lincoln
de Steven Spielberg, quien también
dirigiera Amistad (también aparece Ejifor) sobre el mismo tema. Así vienen a la
mente un listado de películas diversas que hablaron sobre la esclavitud negra
hasta su abolición en los Estados Unidos de Norteamérica: desde The Birth of a
Nation (D.W. Griffith, 1915) hasta el Manderlay (2005) de Lars Von Trier,
pasando por Gone with the Wind (Victor Fleming, 1939) y la serie de televisión
Raíces, ninguna película hasta ahora había retratado con tanta crudeza y
verismo el tema hasta 12 Years a Slave del británico Steve McQueen.
McQueen, en ésta su tercera cinta, que tiene experiencia en
el tema del cautiverio (Hunger, 2008, su ópera prima) toma la fuente de la
historia, el propio libro de Solomon Northup y lo traslada al cine con pocas
libertades artísticas, como si rodara un documental en pleno periodo de 1841
hasta 1853, algunas tomas con la cámara al hombro al más puro estilo del cinema
verité, en otras con moderados plano-secuencias cuya persistencia provocan
angustia en el espectador. McQueen usa todo lo que tiene en su acervo para
desarrollar una película en su propio estilo, con un tema poderoso gracias al
material original, que nos lleva a sentir la aberración de la esclavitud y el
racismo, el vergonzoso despojo de los primordiales derechos de la persona como
su identidad, su intimidad, su dignidad y hasta su nombre.
En el plano actoral, también hay escenas que se desarrollan
con la “naturalidad” del diálogo teatral o de plano en franca improvisación
dada la “frescura” (refiriéndose a la captura de gestos y emociones que se
sienten reales) con que se desarrollan. Actuaciones inolvidables de Chiwetel
Ejifor (de dotes comprobadas en la actuación v.gr. Lola de Kinky Boots), Lupita
Nyong’o (seguramente el personaje que nos dolerá más y terminará haciéndonos
preguntar cuál habría sido su suerte) y Michael Fassbinder con su atormentado y
voluble antagonista.
Si se trata de ver el cine que de verdad importa, 12 Years a
Slave es de las que no hay que perderse. Un triunfo en la manera de contar una
historia con estilo propio y contemporáneo, cinta bella dentro de su pesaroso
tema, un retrato que no pareciera tan lejano (y que bien sigue ocurriendo en
otras latitudes) y un recordatorio de lo que no debe volver a pasar.













