Así es, definitivamente no es Saving Private Ryan, aunque la
gente se remita a ella en cuanto ve a Matt Damon en el cartel. La nueva cinta
dirigida por George Clooney se basa en el segundo libro del historiador
aficionado (primero fue corredor de
bolsa, luego petrolero) Robert M. Edsel, ahora escritor de tres libros sobre
los robos de arte durante la Segunda Guerra Mundial y presidente de la
Fundación al respecto. Los propios libros presentan sucesos que aún están a
debate (como la respuesta contraria dada por Konrad Kramar de que los Monument
Men llegaron tarde en el episodio Altaussee, según http://www.laprensa.com.ar/419201-Un-saqueo-de-pelicula.note.aspx
) y que el mismo Edsel menciona como un número de personas (que asciende a poco más de 365 de 13 paises distintos) que
no trabajaron como grupo.
Pero por evidentes fines dramáticos, la cinta de Clooney se
toma sus libertades para traernos una cinta de múltiples registros (lo que para
unos puede ser una falla para otros virtud). Lo que sí hace es amalgamar a uno
de los elencos más interesantes ahora que eso también es tema de competencia
entre las productoras. Destacan John
Goodman quien ilumina la escena desde su primera sonrisa, Bill Murray situado
en un melancólico ya prefigurado en Lost in Translation, Bob Balaban que se
revela un maestro en lograr el humor con sutiles gestos y miradas y Jean
Dujardin todo sonrisa seductora.
La historia, heredera del cine bélico más clásico, reúne a
un grupo inverosímil para una misión condenada. Los Monuments Men deben
rescatar todo el arte posible previamente robado por Hitler en una carrera
contra el tiempo antes de que los nazis lo destruyan debido a un “Decreto Nerón”
o que sea saqueado por un equipo soviético de apropiación de trofeos, además de
luchar contra la apatía de las propias fuerzas aliadas mientras se dividen en
varios frentes y se suceden distintos episodios anecdóticos. Los tan buscados
santos griales son el Políptico de Gante de Van Eyck y los Hubert, asi como La
Madonna de Brujas de Miguel Ángel.
Al final (sí, discúlpenme que se los diga, superando a la
patética escena de Saving Private Ryan) me quedó la sensación de haber visto
algo que valía la pena ver visto. No requería de llevarme hacia la tristeza o
de incitarme hacia la violencia para hablarme de algo importante. Había
terminado la balada de un grupo de hombres buenos que entraron entre líneas de
combate por un ideal tan noble como la preservación de obras de arte para las
futuras generaciones. Permanece la duda (y la tristeza) de cuántas obras fueron
perdidas o definitivamente destruídas para la humanidad. Si historias como Die
Bücherdiebin (Ladrona de Libros) o Elle s'appelait Sarah (La llave de Sarah) son
valiosas por los temas que nos evocan, los sentimientos que nos recuerda, con
más razón The Monument Men con sus anclajes en una pasado que sí ocurrió y que
por ello con gusto la habría firmado el propio Steven Spielberg.
Queda el incentivo de contar otras historias al respecto, de investigar
los hechos en los libros y de no permitir que otro crímen de este calibre
vuelva a ocurrir o ¿que acaso para recordárnoslo no se hacen estas películas?
Otro artículo
para compartir : http://www.latercera.com/noticia/cultura/2014/02/1453-565326-9-operacion-monumento-la-realidad-tras-ficcion-de-clooney.shtml
Enlaces para consultar:
Los verdaderos héroes hasta ahora conocidos y obras aún
perdidas, entre otros temas:
La historia real abreviada:









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