El título es sólo una referencia para que el público
identifique la franquicia (sí, es lo más seguro mientras sobrevivan personajes
de la primera), pero no se encontrarán Leónidas y su guardia personal más que
como mero recuerdo. Tampoco la filosofía que tanto marcó la primera cinta (y
tenía que ser, si los protagonistas de ésta son un pueblo de idiosincrasia distinta).
Pero valoremos todo con tiempo.
300, Rise of an Empire está basado en el cómic “Xerxes“ aún
inédito del mismo Frank Miller (quien supongo que tendrá oportunidad de hacer
ajustes al misma tras la prueba pasada por la cinta). Pero conforme avanza la
cinta, es la historia de Xerxes (que no debe ser tomada literal a fin de no
perder la verosimilitud de la historia) la que queda en un breve enunciado pues
rápidamente toma el protagonismo de la cinta un personaje de mayor peso y
complejidad: Artemisia, interpretada por Eva Green.
Artemisia sí existió en realidad y también fue una capitana
naval como narra la cinta. De hecho, fue una reina que sobrevivió a las guerras
entre Persia y Grecia, pero en la historia de Frank Miller es, otra vez, un
personaje digno de tragedia griega. Artemisia sufre de un pasado lleno de dolor
y humillaciones (no hay que olvidar que la mujer sufría una mayor
discriminación y es prácticamente borrada en su participación social durante
estas épocas), lo cual se vuelve el motor para convertirse en una guerrera
superior a sus contrapartes masculinas. Y como Leónidas, marcha sin alternativa
hacia su fatídico destino. En el ordenamiento de la película, no sólo es por
mucho, el personaje de mayor complejidad psicológica, sino que le reservan las
escenas que más hacen lucir su presencia en la pantalla. Es consabida la
preferencia de Frank Miller por desarrollar personajes femeninos trágicamente
griegos como la Elektra de Daredevil. Por ello fue un acierto la elección de
Eva Green con su actitud femme fatale-bitch que seguramente fue el gancho para
atraer a mucho público masculino además de contar con un registro histriónico
justo para el papel. Al igual que su personaje, Eva Green se ve perseguida por
esta imagen de dominio erótico y fatalidad establecido desde la película The
Dreamers (2003), pasando por la dulce Vesper Lynd de Casino Royale (2006) hasta
la obsesiva Angelique de Dark Shadows (2012) cuya escena de sexo salvaje con
demanda física parece repetirse. En esencia, toda la película es Eva Green.
Su contraparte Temístocles es interesante, digno portador de
la idiosincrasia griega, pero falto de fuerza en comparación con Artemisia,
aunque retratado como un Ulises lleno de ingenio combativo.
Pero vamos a hechura de la cinta: 300: El nacimiento de un
imperio ocurre desde la Batalla de Maratón hasta la de Salamina. Cumple como su
antecesora con saciar el apetito por acción, violencia y sangre (de hecho, una
desventaja de ésta es su fallido efecto de sangre que brota de las heridas
espesa como gelatina en contra de los “chisguetes” líquidos que salpicaban en
la primera). La acción, mayor en cantidad que la primera 300, vuelve al formato
en cámara lenta, aletargando y avanzando, en plano general y luego al primer
plano según se desarrolla el combate. Como en el cómic, se favorece la
construcción estética de la imagen y luce de sobremanera la elección de colores
fríos para el ambiente naval y el uniforme griego, en contraposición con los
espartanos que lucharon en tierra y su vestimenta lleva colores cálidos.
Lamentablemente el paso del tiempo afectó a la continuidad que se nota más en
la Reina Gorgo, la esposa de Leónidas (Lena Headey) quien ya no luce como hace
7 años.
Más compleja en cuanto a cronología narrativa, discurre en
retrospectiva, perspectiva y acción simultánea con respecto a su antecesora,
por lo que no necesariamente se requiere haber visto la primera cinta para
disfrutar de la historia de 300, el nacimiento de un imperio. El inexperto
director israelí Murro cumple como buen obrero con sus patrones y entrega una
cinta de acción sin mucha precisión histórica que recaudará la inversión a sus
productores y entregará violencia a sus espectadores, quizás en espera de una
siguiente entrega.

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