50 películas que cambiaron al Cine.
Parte 3 de 10
No. 40 8 ½ (1963) de Federico Fellini.
Tras la obra cumbre que le significó La Dolce Vita (1960), su octavo filme, Fellini enfrentó el bloqueo creativo. Este fue el resultado: Una farsa delirante y llena de vida donde los sueños y la fantasía se mezclan con la realidad. Una obra inolvidable. A partir de aquí, todos querrían ser como Fellini.
No. 39 Il buono, il brutto, il cattivo (El Bueno, el
Malo y el Feo, 1966) de Sergio Leone.
Obra maestra del Spaghetti Western. La historia de la búsqueda de un tesoro durante la guerra civil norteamericana aún tiene interpretaciones hasta bíblicas. El gran uso del Widescreen, su música y todo recurso técnico de la época la vuelven un clásico que luce mejor con el paso de los años.
No. 38 Un homme et une femme (Un hombre y una mujer,
1966) de Claude Lelouch.
La jornada sentimental de una pareja sin ñoñerías ni cursilerías. Lelouch lo logró además con un estilo visual atractivo al combinar color, blanco y negro con sepias. Gran fotografía y musicalización. La Nouvelle Vague le hizo un favor a un género tan limitante (y limitado).
No. 37 2001: An Space Odyssey (2001, Una Odisea del
Espacio, 1968) de Stanley Kubrick.
Ciencia Ficción Pura, a la vanguardia de efectos especiales, visualmente arrebatadora, por un director perfeccionista. El significado de su historia, presumiblemente mística, continúa en un enigma hasta nuestros días.
No. 36 Night
of the living dead (La Noche de los Muertos Vivientes, 1968) de George A.
Romero.
Película de bajo presupuesto Serie B que oficializó el terror gore, creó la mitología de zombies caníbales (con toda interpretación metafórica) y por si eso no fuera suficientemente provocador, el protagonista es un negro mucho más listo que todos los blancos a su alrededor.

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