La historia de Jordan Belfort ¿será recuento biográfico, una leyenda, una crónica de una época, una alegoría, un relato moralista? Habría mucho qué discutir entre lo que es y lo que no es. Sí es un relato machista, misógino y abundante de cinismo. Y también contiene mucho de la realidad tal y como es percibida en estos tiempos (pues la verdad, bien sabemos, depende del cristal a través del cual se le mira).
Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio) es un boy scout recién salido de la escuela, joven, recién casado y sano. Con suficientes prejuicios para parecer tonto pero con una gran ambición como para meterse al estanque de los tiburones. Allí tiene la fortuna de conocer a su primer mentor (Matthew McConaughey en otra pequeña participación que se roba cada escena en la que interviene asegurándole el mejor año de su carrera y haciéndolo el único merecedor del premio de la Academia) con el cual cae parado.
Su primer revés (el lunes negro de la Bolsa de Valores en 1987) lo saca de su mundo de fantasía y le deja con su corta experiencia en un pequeño despacho de corredurías domésticas, como lobezno en corral de ovejas. Su incidental encuentro con su vecino (Jonah Hill que como otros actores antes que él han superado la transición de las comedias soeces al drama tipo Tom Hanks) termina por cerrar la pinza para acabar con las inhibiciones de Belfort y echar a andar la verdadera historia de la película.
Es así como el alicaído Martin Scorsese empieza a tejer una crónica de ascenso y caído del imperio americano, del aprendiz de brujo que empieza a manipular al sistema hasta que éste se vuelve tan monstruoso que se vuelve contra su creador. Hay algo que el director de ascendencia italiana vio en el joven DiCaprio para tomar el lugar de su actor predilecto que antes ocupara Robert De Niro. Su apuesta no ha sido en vano: desde que iniciara con limitado galancito fallido en Gangs of New York (2002), pasando por la dispareja The Aviator (2004), la penosa copia de The Departed (2006), el raro ejercicio de género fantástico en Shutter Island (2010) es ahora en The Wolf of Wall Street cuando DiCaprio muestra la maduración que ha sufrido a manos de su padrino Scorsese, quien a su vez, regresa como pez en el agua al género que de verdad domina: al de los gángsters, ahora de cuello blanco.
Con un ensamble actoral que impresiona por la solidez de sus actores de cuadro (¿de dónde ha revivido a tantas cartas quemadas como P.J. Byrne, Kenneth Choi, Ehtan Suplee, Tobi Welch, Brian Sacca y Henry Zebrowski y de dónde sacó a una inolvidable Margot Robbie?) esta película le planta cara a su similar American Hustle en la cual aparece, irónicamente, el viejo De Niro encasillado en lo único que sabe hacer: mafiosear. Este tándem estaría condenado a sus encasillados lugares comunes si no fuera porque Scorsese nos traduce al mundo de hoy en el cual el dinero es poder, sexo y drogas, la combinación ideal para hacer pasar al tiempo a una sociedad aburrida (parafraseando a Anne Hathaway en Havoc - 2005). Jordan Belfort, a diferencia de Steve Jobs (y la fallida Jobs, 2013), toma a su trouppe entera y la lleva a la cúspide del entrepreneur y comparte lo que tiene al igual que el mismo DiCaprio toma a sus compañeros actores y se amalgama con ellos en un cuadro de actuación que no se veía desde hace tiempo en la filmografía de Scorsese. Como nota extra habría que añadir que Leonardo DiCaprio interpretó en el mismo año a dos muertos de hambre que se vuelven los potentados de la alta sociedad pero en opuestas caras de la moneda, primero con el romántico Gatsby y ahora con el guarro Belfort con su dosis de humor negro (también variante para Scorsese que pocas veces incursionaba en la comedia). Al final habremos presenciado la cacería de ovejas por parte de un lobo perseguido por un pastor, pero como dice el refrán, lo bailado quién se lo quita. Jordan Belfort es América. La toma con la cual cierra la cinta (otra genialidad del director) deja mucho en qué pensar.
Con el antecedente directo de esta historia en la película de Wall Street (Oliver Stone, 1987-el año de partida de The Wolf of Wall Street) con su Gordon Gekko cuya la referencia también aparece en el filme, la temática de ésta película de Scorsese no le hará ganar muchos Oscares. Mas bien, se trata del ya acostumbrado pase de lista condescendiente que ahora la Academia sostiene con el director en su actual periodo de “palos de ciego” para compensarle por el ninguneo de su gloriosa primera producción, pero con todo esto, The Wolf of Wall Street es un buen recordatorio de lo que Martin Scorsese podía o puede hacer. Y mejor, una promesa, un despegue de lo que está por venir, quizá.


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