lunes, 5 de abril de 2021

Kino (1993), de Felipe Cazals


  Al valorar la película Kino de Felipe Cazals después de tantos años estamos frente a un tipo de obra sui generis que pareciera ya no producirse en estos tiempos, en la cual pareciera haber conciencia del trascender de la misma. Con un reparto irrepetible encabezado por Enrique Rocha sobresalen las alternancias actorales con Rodolfo de Anda y Leonardo Daniel que sobresalen en sus papeles secundarios.

  La actualidad permanente en el tema de la película estriba en el sueño de un hombre por descubrir y desarrollar en terreno virgen contra un sistema (presidido por la Iglesia y la Corona por igual) que se encargará de poner todas las trabas a su alcance para impedírselo, con el frustrante resultado de terminar siempre poseyendo la desconfianza de los nativos. Así se forjó una realidad que persiste hasta nuestros días y que reflejan las taras en la conciencia colectiva del país. 

  No fue necesaria una millonaria producción en estudio pues es la misma naturaleza el escenario donde se desenvuelve la mayoría de la historia, preponderando la misma sobre la fastuosidad de la imagen haciendo de Kino una muestra del buen hacer cine con calidad para un público exigente, lejos de la popularidad soez y facilona que nos atiborra actualmente.



lunes, 15 de febrero de 2021

Archivos Secretos de la Cinemateca Perdida presenta: Vivir Mata (2002) de Nicolás Echevarría

 Vivir Mata (2002) de Nicolás Echevarría fue la película que me hizo enamorarme de Susana Zabaleta, cuando la mayoría de sus admiradores los hizo por "Sexo, Pudor y Lágrimas" tres años antes: nunca compartí la neurosis que destilaba está obra de teatro transplantada al cine a pesar de haberle merecido el Ariel por mejor actriz. Por el contrario, fue el tono desenfadado de esta comedia romántica lo que más conectó conmigo.

 Seguramente no sería la película más recaudatoria y/o recordada de su autor (o sí, para quien esto escribe) dada su sólida trayectoria como documentalista y los reconocimientos obtenidos por su primer filme narrativo "Cabeza de Vaca" (1990), pero contar con una historia junto al escritor todo terreno Juan Villoro y conformar tal alineación para el elenco auguraba que el esfuerzo valía la pena.

 En un género que rara vez depara sorpresas, la apuesta iba por el lado de la historia que anecdoticamente pasa de una mujer haciendo confidencias a su compañera de trabajo a unos autonautas que pasan el día entero por viaductos y colonias informes sin parecer nunca llegar a su destino. Ambas líneas se unen en la narración de un recuerdo: el encuentro ideal e idílico de una pareja que se cuenta mentiras. Aquí surgen tantos argumentos como para llenar un libro de cuentos y cabe la posibilidad de que en realidad nada de eso hubiera ocurrido tal cual se cuenta en la realidad y más bien estuviera adornado por los participantes mientras que el ingenio de la palabra toma una importancia especial en el desenvolvimiento de la trama. Entretenida y encantadora, también urbana nos lleva por parajes distintos de la capital afirmando su carácter surrealista (como a quién se le ocurriría construir una cabeza de Juárez), recordando a esos Caifanes de Juan Ibáñez (escritos por Carlos Fuentes, si se considera tal analogía) en su noche eterna a ningún lado.

 Mencionado el gran elenco conformado por Daniel Giménez Cacho, aún en tiempos de galán inverosímil desde la afamada "Sólo con tu pareja"(1991) también terminada en una emblemática edificación capitalina; Emilio Echevarría sacudiéndose al Chivo de "Amores Perros"(2000) en plan artista filósofo, Luis Felipe Tovar reafirmando su gran ductibilidad para papeles que van de la comedia a la tragedia y Alejandra Gollas que crea una entrañable actuación como la compañera confidente. Pero es Susana Zabaleta quien brilla con luz propia al hacer de su personaje una enamorada pícara que reúne la dulzura con la sensualidad forjando así al tipo de chica que todo tipo sueña con tener.



lunes, 11 de enero de 2021

Rulfo cinematográfico




 Hablar del Juan Rulfo literario y de su ya conocida imposibilidad de ser llevado al cine es un lugar común. Sus historias, especialmente Pedro Páramo, no llevan una línea narrativa que permitan solamente volverlas visuales. El mensaje de sus textos escapa a la puesta en escena. A Rulfo no se le representa,  se le sugiere. Por ello la película de Mitl Valdez "Los Confines" (1992) tiene la astucia de tomar un par de historias del libro El Llano en Llamas y desarrollar su propio estilo cinematográfico en el cual la narración del personaje en primera persona es el recurso más similar a la lectura literaria, sin cometer la soberbia de pretender dar versión definitiva en cine al autor jalisciense.
 Soberbia que sí la hay en la cinta "Pedro Páramo: el hombre de la media luna" (1978) de José Bolaños, perteneciente a una época del cine mexicano que buscaba la fastuosidad en sus producciones, so pretexto de una comercialización extranjera cuyos resultados aún no han sido del todo valorados. La cinta reconoce que se trata de una versión del mítico libro pero el director se da oportunidad de alardear con su elenco, su producción y hasta con una partitura de Ennio Morricone que parece, en las más de las ocasiones, impostada. Defiende su apuesta visual contra la versión de 1967 orquestada por Carlos Velo, quien a veces pareciera sólo cumplir con narrar. El resultado de la versión más reciente aún provoca división de opiniones, si acaso mejor valorada en tiempos actuales, para muchos sigue confirmando la consigna de que el mundo rulfiano no puede ser llevado al cine con plenitud.
Otras cintas que han tenido mejores opiniones (o que por lo menos no han sufrido el escarnio de los "rulfianos") se enlistan desde "Talpa"(1956) de Alfredo B. Crevenna, "¿No oyes ladrar los perros?"(1975) de Francois Reichenbach, "Diles que no me maten" (1985) de Freddy Sisso con la peculiaridad de ser una producción venezolana. Tal listado sirva para el cinéfilo que guste dar seguimiento al tema.
 Parece que sólo el mismo Rulfo podía llevarse a sí mismo al cine, pero no por intención sino por omisión: "El Gallo de Oro" (1964) de Roberto Gavaldón es la única historia que fue llevada con buen resultado de acuerdo a los parámetros de la época. Pero ello fue debido a que el escritor no había publicado la novela con cual compararla  pues, según dijo el propio Rulfo, el manuscrito había sufrido la deconstrucción (o destrucción) por parte de un productor cinematográfico. Curioso sería que no intentara  rehacerla. ¿Por qué lo habría dejado pasar? Luego Ripstein la reversionaría veinte años después adaptada al propio estilo del cineasta: "El Imperio de la Fortuna" (1986) me parece más de Ripstein que de Rulfo.

 
Para gracia de todo el mundo el mejor Juan Rulfo se quedó en sus libros. Para el cine su Pedro Páramo sigue vedado con justicia y parece que aún no hay quien pretenda llevar a Comala al celuloide, ya sea por miedo o por respeto que a fin de cuentas son caras de la misma moneda.













Kino (1993), de Felipe Cazals

  Al valorar la película Kino de Felipe Cazals después de tantos años estamos frente a un tipo de obra sui generis que pareciera ya no produ...