Una producción de respeto (comparada con parámetros
mexicanos) donde se mete todo lo habido y por haber en el cine (prácticamente
todos los representantes del cine nacional están allí, desde Jorge Rivero hasta
María Rojo pasando por la infaltable Carmelita Salinas), el aval de un
comediante que se cuece aparte como Andrés Bustamante, además del respaldo de
una distribuidora transnacional que cumplió con su parte de promoción,
resultaría en un licuado difícil de igualar (y oponer) en las taquillas
nacionales. ¿Qué podría salir mal o quién podría oponerse?
Ante tantas fortalezas que componen a un producto ganador el
único error podía venir desde dentro de la propia película.
El Crimen del Cácaro Gumaro te recibe con un inicio vigoroso
que establece el tono de la película. Estás ante una historieta abundante en
chistes visuales, reminiscentes del más clásico estilo del grupo gringo del
ZAZ! y que como éste, su saturación visual resultó poco favorecedora en sus
inicios televisivos y tuvieron que esperar años para que funcionara en la
pantalla grande. En el caso del Cácaro Gumaro, se eleva el nivel y la
saturación en la pantalla es tanta que valdría preguntarse si es necesario que
pase el tiempo para que funcione más en la pantalla casera gracias al DVD.
El Crimen del Cácaro Gumaro establece una rivalidad de
hermanos en un pueblito pintoresco y de allí se arranca con una serie de
“sketches “ armados (al más puro estilo del Güiri Güiri acompañado de su
troupe Jis y Trino) y sátiras al cine
mexicano y pedradas con sosa cáustica a la realidad circundante que nos hace reír
de pena ante la falta de alternativas. Algunas son genuinamente hilarantes y
otras no salen del todo bien libradas. Aquí empieza la irregularidad de la
cinta.
Por la mitad, la saturación barroca empieza a cansar al
espectador y ahí ya se antoja que la duración pudo ser menor. Algunas
secuencias como la del protagonista lanzando rayos a su hermano con uno enormes
lentes para prender maíz palomero francamente sobraban, no abonaban nada a la
historia y sólo prolongaban más el momento de llegar al último acto que es el
que verdaderamente revitaliza una trama que ya parecía agotada.
El desenlace, en el tono que ya había usado el director en
su pasada “Pastorela” (2011) y con la
experiencia de su ingeniosa “Conozcan la Cabeza de Juan Pérez” (2008), después
de tanta mofa al cine mexicano se antojaba ideal para haber invitado a un
luchador, como lo hiciera Andrés Bustamante en su homenaje al Santo en la Entrega del
Ariel del 2008, pero parece que para estas alturas ya se había acabado
el presupuesto.
De cualquier manera,
con todo y sus efectos visuales tan piñatas, El Crimen del Cácaro Gumaro
polarizará las opiniones después de verla. Al final sólo me pareció que fue
“demasiado” y que ello puede provocar agotamiento. Pero celebro que estas
películas tomen el camino de ofrecer algo diferente en nuestro monótono cine
mexicano que suele quedarse en lo mismo, en la autocompasión de siempre y con sus falsas pretensiones, sin dar el salto
que ya se merece y que sólo algunos cuantos intrépidos se atreven a dar.
Además, si alguien se refiriera a ella como una porquería prefiero ver porquerías
nacionales en vez de las extranjeras que tanto nos endilgan en las carteleras y
nos chutamos sin decir pío. El cine mexicano está buscando los nuevos tonos en
su comedia y en eso el equipo de Emilio Portes y Andrés Bustamante lograron
abrir más el camino. Con ánimo esperaremos su siguiente golpe.

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