No hay mucho que decir: Una leyenda japonesa destruida por
Hollywood. Expresado así no creo que les cause mucha gracia a los nipones.
Cuando ud. termine de ver esta cinta discernirá en automático cuáles son los
personajes (y sus historias) impostados en una historia tan real y tradicional
que soporta por sí sola las tonterías infantiloides que pretendan enjaretarle.
Ud. puede buscar la leyenda de los 47 ronin en libros (o ya
en la actualidad de plano en Wikipedia) y conocer las implicaciones de los
hechos ocurridos y lo que no ocurrió en una cultura milenaria, en su
idiosincrasia y hasta en su arte. También puede buscar las versiones
cinematográficas precedentes (también se le refiere en la película Ronin de John Frankenheimer de 1998), conocer sobre
puestas en escena y en diversas publicaciones. El relato en sí da para mucho,
¿y esto es lo único que puede lograr el Sr. Rinsch y su compa el Sr.
Reeves? Por lo menos esperemos que esta
cinta despierte la curiosidad de los occidentales para documentarse al respecto.
La cinta descansa en la verdadera actuación de Hiroyuki
Sanada y sus seguidores. Pero falla en todo lo que concierne a Keanu Reeves
(¿de verdad con la tontería del mestizo se interesa a los occidentales?), Ko
Shibasaki y hasta una desperdiciada Rinko Kikuchi que no nos niega sus detalles
de femme fatale pero está a 3 siglos de distancia de lo que lograra en Pacific
Rim.
El problema es que la película no alcanza a prender: Un
director inepto que no por especializarse en publicidad estaba ya listo para
una cinta de 2 horas. El resultado es una película palomera que falla en es: en
ser palomera. Hasta eso es un arte y si no véanse ejemplos como Pirates of the
Caribbean: The Curse of the Black Pearl (2003) o hasta la ya mencionada Pacific
Rim (2013). Y discúlpeme, Sr. Rinsch, pero está muy lejos de maestros del
género como Spielberg, Lucas o Zemeckis, por poner algunos ejemplos (y que
seguramente habrían hecho maravillas con este guión tan problemático de
haberles caído en sus manos de Midas). Y qué decir de Keanu Reeves, que actúa
con toda la fiaca del mundo, como que no quisiera estar allí (ya muy lejos de
su primer Matrix).
Mejor dejen ésta para verla en la tele una tarde de
aburrimiento.

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