martes, 20 de mayo de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: Godzilla (2014) de Gareth Edwards... o los monstruos de vacaciones

¡ALERTA! POSIBLE SPOILER – leer después de ver la película – POSIBLE SPOILER ¡ALERTA!


¡ALERTA! POSIBLE SPOILER – leer después de ver la película – POSIBLE SPOILER ¡ALERTA!

Bueno, ya empezó la temporada de verano en el cine y los que somos seguidores de Godzilla y pensábamos que no había mejor manera de empezarla, nos quedaremos esperando sentados un rato más.
Por lo menos la cinta busca apegarse a las originales japonesas y no terminó en el bodrio de la versión de 1998, pero el director Gareth Edwards sólo repite su mismo truquito de Monsters (2010) pero con más dinero y ante productores más billetudos, en el que cree que aburrimiento es sinónimo de profundidad e inteligencia.

El problema radica en enfocarse en personajes clichés y anodinos. Cualquiera que haya visto las recientes producciones de cine de catástrofe, desde Deep Impact (1998) hasta 2012 (2009), notará que hay un punto en que las historias de los personajes es un mero relleno ante lo que sería el verdadero meollo de la historia y que los directores prolongan (y en algunos casos evitan) mostrar. Algo similar pasa aquí.
Aaron Taylor-Johnson, alias “el Kick-Ass”, finalmente esta tomando posesión del lugar que le depara Hollywood como galán protagónico. No es mal actor, sino uno muy competente en opinión de quien esto escribe. El director aprovecha la fama de Bryan Cranston, también competente, pero desperdicia totalmente a David Strathairn, Sally Hawkins y a Ken Watanabe en papeles que bien podrían no haber estado en la historia.

Lo que el director olvidó es que la película se llama “Godzilla”, que es la estrella y es la que menos tiempo tiene a cuadro. Valoren si un tiempo aproximado de dos minutos en cuadro vale por el precio de su boleto. Es más, ni en el poster oficial se puede ver completo.

Le diré lo que vale la pena: La grandiosa banda sonora creada por el maestro Alexandre Desplat, la fotografía de Seamus  McGarvey y la inolvidable secuencia del salto HALO para la cual se piratearon los sonidos de 2001: Odisea del Espacio.

El resto del tiempo, abúrranse a gusto.

Para cuando la película termine sentirán que faltó emoción y que quedó muy alta la vara para los que vengan después de Guillermo del Toro y su Pacific Rim (2013).

Esperaremos a ver qué día Godzilla vuelve a Japón, que parece haber vendido a uno de sus últimos baluartes culturales del divertidísimo cine B de la segunda mitad del siglo XX. ¿Es ahora Godzilla un héroe americano? Yiaaakkkk…>(

lunes, 19 de mayo de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: Yi dai zong shi (El Gran Maestro, 2013) de Won Kar Wai… o la historia del Kung Fu es una historia de China.


Desde el cartel y las primeras escenas Yi dai zong shi parecería una película de artes marciales tipo Budo pero, para decepción de la audiencia que esperaba tal cosa merced a las coreografías combativas del famoso Yuen Woo-ping, no lo es. Y la razón está desde su autor, el reconocido Won Kar Wai y su historial de obras de arte por mencionar Ah fei zing zyun (Días salvajes, 1990), Chung Hing sam lam (Chunking Express, 1994), Duo luo tian shi (Ángeles Caídos, 1995), Chun gwong cha sit (Happy Together, 1997) y  Fa yeung nin wa (Deseando amar, 2000) por mencionar las más recordadas. En todas ellas, los temas que más le interesan como la incomunicación de las personas, su estado de melancolía, el aislamiento social y la búsqueda del compañero ideal están muy presentes por lo que la pregunta era: ¿cómo iba a ser tratado eso en “El Gran Maestro”?

Ya Won Kar Wai había demostrado que el género no era un molde que lo encasillara. Desde Dung che sai duk  (Las Cenizas del Tiempo, 1994), su cinta que se remonta más en el pasado de los espadachines chinos, hasta 2046 (2004) que se avanza en el futuro al año del título, demostró que la condición humana prevalece a pesar de las condiciones temporales, así que situarse en la franja a mitad del siglo XX, durante la ocupación japonesa en China, no sería inconveniente para desarrollar su personal visión del cine.
Uno de sus actores fetiches, el magistral Tony Chieu Wai Leung encarnaría al maestro del Kung Fu Wing Chun: Ip Man, un aristócrata que no tiene nada más que hacer que practicar artes marciales durante los primeros 40 años de su vida, hasta que la intervención japonesa lo arroja dentro del drama de su pueblo. Pero además Tony Leung le presta una facultad para transmitir emociones que difícilmente tendría el personaje original: La serenidad inamovible se puede tornar deseo o nostalgia en la actuación de quien mejor ha sabido encarnar los personajes de Won Kar Wai.

El contrapunto de mayor peso lo proporciona la aparición de Ziyi Zhang en su actuación de la trágica Gong Er quien sería el último baluarte de un estilo de arte marcial condenado a desaparecer por motivo del machismo imperante en el ambiente de las artes marciales.

La unión de estos 2 caracteres representan una ópera china (a veces más equiparada a la occidental) y por ello aparecen las tradicionales representaciones marciales, pero la carga sentimental (ejemplificada en los funerales del padre de Gong Er y su última despedida de Ip Man en una calle solitaria) es el principal tema de la cinta, que mezcla contemplación con filosofía al más puro arte marcialista.

El proyecto duró muchos años en preparación. El perfeccionismo de Won Kar Wai le imprimió lentitud a la producción. La fotografía de Philippe Le Sourd (nominada al Oscar junto al diseño de vestuario) aunada a los valores de producción son dignos de encomio, pero el punto más frágil de la película radica en su edición: falta de ritmo sin lugar a dudas puede resultar de lenta a pesada para algunos espectadores. Esto se acusa en el personaje de “La Navaja” cuyas apariciones no tienen un peso específico en la película y estorban en la narrativa de la relación de los dos personajes principales.


Ciertamente no quedará en la memoria de los fans de Won Kar Wai como una de sus mejores películas (sí una de las mejor logradas visualmente), pero tampoco caerá en el olvido pues vale la pena revisarla. Y es que, cuando un artista es de altos vuelos, hasta sus trabajos no logrados son dignos de aprecio.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: Obediencia Perfecta (2014) de Luis Urquiza... o dejad que los niños vengan a mí.


Una verdad incómoda, contundente y directo a la yugular. La ópera prima del otrora productor Luis Urquiza inicia con una clara referencia a “ya saben quien” (y para no caer en la cautela de la misma película sustitúyase por “Maciel y los Legionarios de Cristo”) pero su historia va más allá y podría ocurrir durante cualquier tiempo, en cualquier país y bajo cualquier religión.

Como historia en el género de “Iniciación”  se agregaría al grupo de cintas que irían desde Apt Pupil (1998) de Bryan Singer o hasta The Reader del 2008,  ya que Obediencia Perfecta plantea el dilema del personaje infantil desde un debate dialéctico sobre los límites de la inocencia y su proceso de corrupción como requisito para dejar la infancia. No hay que perder de vista que su tema es la pederastia. Pero es el pantanoso tema añadido de la religión el que le emparenta más con cintas como La Mala Educación de Pedro Almodóvar del 2004 y que la pondrá en la escabrosa balanza entre la validez artística y el debate de moral. A algunos les parecerá risible (nerviosamente) mientras que otros la tendrán por condenable. Seguro que no dejará medias tintas en la opinión de nadie.

El chico un poco perdido en la edad en que es más fácilmente impresionable, debe verse seducido por el carisma de un líder y éste personaje quedó a cargo de un Juan Manuel Bernal muy recordable y que no sería apresurado ni descabellado pensar en una mención al Ariel, con su sufrimiento a la Gustav von Aschenbach de Morte a Venezia (1971). Pero además se ve muy bien respaldado por un cuadro de actores del cual Juan Ignacio Aranda roba cuadro en un papel que podía prestarse a la exageración pero al cual logra sacarle buen partido, contrario a Luis Ernesto Franco cuyo personaje podía haber sido el contrapeso en la historia del personaje principal pero que se pierde tras el primer acto, dejando su participación como intrascendente para la trama. Es claro desde la llegada del chico al internado que frente a él tiene a una gavilla de inadaptados que secundarán en sus bajezas a su descarriado capo.


Cuestionando a quién le confiamos nuestros hijos, el filme abunda en el discurso de la influencia que ejerce “el opio del pueblo”, como le llamaba Carlos Marx a la religión, dentro del fuero interno y social. La fe como llave de control. El proceso de dominio, de despojo de la libertad, se va cumpliendo a carta cabal según van anunciando los títulos que marcan los apartados en la cinta, la cual se suma a la tradición anticlerical que viene desde los tiempos de la llegada de Luis Buñuel al cine mexicano. De allí las referencias que van desde Los Olvidados de 1950 y El Ángel Exterminador de 1962 hasta llegar a El Crímen del Padre Amaro (2002) de Carlos Carrera. Obediencia Perfecta, a veces tendenciosa, a veces “sacándole al parche”, se suma a la lista con buenas calificaciones: el director la pensó fuera de la caja imperante en el actual esquema de producción y sus valores creativos están bien cimentados: desde la fotografía de Serguei Saldívar Tanaka, la producción de Joaquín de la Riva, Josefina Echeverría y Diego Suárez Groult hasta la parte auditiva a cargo de Alejandro Giacomán y Herminio Gutiérrez tienen tan buena calidad que da la sensación de estar viendo una cinta extranjera. Lamentablemente, la historia escrita por Ernesto Alcocer puede seguir pasando ahora mismo y en cualquier lugar.

Kino (1993), de Felipe Cazals

  Al valorar la película Kino de Felipe Cazals después de tantos años estamos frente a un tipo de obra sui generis que pareciera ya no produ...