Juzgar el Noé de Darren Aronosfky desde el punto de vista
religioso está, por descontado, fuera de lugar. Pero incrustarlo en la
filmografía propia del autor también ha sido forzado por el mismo Aronofsky.
Así que habrá que ir con un pie en la religión y con otro en el arte, por más
que el resultado sea una arena movediza.
Noé es la sexta película dirigida por Darren Aronofsky pero
se emparenta con The Fountain directamente. Pertenecen a la misma rama, no sólo
por su estilo simbólico sino por la ideología que la respalda. Pi, Requiem for
a Dream, The Wrestler y Black Swan tienen sus propios códigos que sirven intrínsecamente
a sus propias historias y en ello también se empata The Fountain, mas en este caso
anécdota del Génesis parece una mera excusa para que el director nos endilgue
su propia ideología en un estilo panfletario.
Los libros del Pentateuco (o la Torá, según el enfoque
religioso) tienen un carácter simbólico (y con más razón el Génesis, es muy
arriesgado interpretarlo literalmente) y en ello también el director lo toma
así por lo cual nos ofrece su propia versión libre al respecto. Y es “Génesis” el
verdadero nombre de su obra ya que, siendo la historia del arca la que se
encuentra en el ecuador del texto, es el eje por el cual Aronofsky nos presenta
su visión de la creación (curiosamente muy parecida a la de The Tree of Life de
Terence Malick, una obvia referencia) y termina la historia con un tinte “Abrahamesco”,
pasando por alto la anécdota de Babel que no parece tener lugar por acá.
Pero eso de que habían criaturas cuasi fantásticas,
presumiblemente, que quedaron fuera del arca (y de paso de la historia natural)
viene tomado de la secuencia final de Fantasía 2000 y la idea de los gigantes,
ya de plano en el debralle, puede servir para explicar la construcción del arca
(por otro lado inexplicable en la Biblia) pero su combate final con francos
guiños al The Lord of the Rings de Peter Jackson es un toque totalmente
desacostumbrado en el director. Fuera las túnicas y venga un ropaje más similar
al medioevo llevando la historia hebrea a un ámbito más semejante al céltico.
Al final, la familia de Noé parece más un extracto de La Familia Robinson Suiza
que de la Biblia.
Pero lo dicho: Noé sólo se puede relacionar con The Fountain
(por otro lado también mal juzgada) por la presencia en todo momento y en todo
lugar de las filosofías new age en las que el hombre es uno con Dios y con el
mundo, responsable socialmente y cuida la naturaleza. Pero subyace la
contradicción (que es probablemente el verdadero fondo y conflicto) en una
historia donde Dios parece estar ausente, Noé sólo se cuida a sí y a los suyos
importándole poco la muerte de inocentes y sintiéndose menos importante que los
animales, tomando por gente equivocada a quien corta una flor o mata a un
animal para alimentarse. Esta película bien podría ser el promocional más
costoso a la fecha del movimiento PETA.
Aquí es donde Aronofsky se ha puesto a sermonear al
auditorio como nunca antes lo había hecho en su filmografía. Siguiendo la moda
de tomar las historias que suelen alimentar el imaginario infantil para darles
un giro adulto (como el libro Wicked o
las múltiples cintas que pasan por la Caperucita Roja y Blanca nieves hasta
Peter Pan, El Mago de Oz y Alicia en el País de las Maravillas) Aronofsky toma
al viejito amable de Noé (como aún le recuerdo encarnado por el director John
Huston en su The Bible de 1966) para volverlo un fanático de tintes sociópatas
digno de los temas que Aronofsky suele estudiar: Angustia y obsesión. Pero su discurso
ha sido incrustado con calzador y, como pasa dentro de la historia, es en este
rubro y por esta razón donde la película empieza a tener fisuras y hacer agua.
Parece no darle mucho crédito a Dios y, si su protagonista ha sido un ermitaño
toda la vida, el resultado es una locura misántropa que termina dándole más
sentido al discurso del antagonista Tubal-Cain.
Las actuaciones son justas y bien interpretadas, como suele
ser en sus películas. Y también como suele ser en sus películas, las
interpretaciones femeninas resultan más apreciables incluso hasta para un
personaje con tan poca funcionalidad en la historia como el de Naameh
interpretada por Jennifer Connely que, sorprendentemente, es de las actrices
que mejor se ve al lado del mazacote de Russell Crowe. Emma Watson da muestra
de su avance actoral al contrario de Logan Lerman que parece un joven limitado
con el mismo y único tono de actuación, tal como se le vio de Percy Jackson o
en The Perks of Being a Wallflower. Hasta Anthony Hopkins cumple con una
inofensiva actuación de viejito duende. Pero donde el cuadro actoral tiene que
abrir valla y hacer caravana es ante la cátedra actoral dada por el inglés Ray
Winstone encarnando a Tubal-Cain y dando un tono amenazador en cada escena en
que aparece.
Ya estaría impaciente si el Sr. Aronofsky estuviera
interesado en seguir llevando al cine la Biblia. Es indudable que, siendo uno
de los principales autores cinematográficos contemporáneos, aporta una visión
única sobre las historias que cuenta. Pero en este caso su Noé le salió
forzada, no funciona como aventura bíblica, y tal vez sea un tanto rescatable
como puesta dramática. Esperemos que sólo sea un tropiezo menor en una carrera
artística interesante.
Lo mejor de todo: Ningún animal fue dañado (ni utilizado) en
el rodaje de esta película.


















