Soberbia que sí la hay en la cinta "Pedro Páramo: el hombre de la media luna" (1978) de José Bolaños, perteneciente a una época del cine mexicano que buscaba la fastuosidad en sus producciones, so pretexto de una comercialización extranjera cuyos resultados aún no han sido del todo valorados. La cinta reconoce que se trata de una versión del mítico libro pero el director se da oportunidad de alardear con su elenco, su producción y hasta con una partitura de Ennio Morricone que parece, en las más de las ocasiones, impostada. Defiende su apuesta visual contra la versión de 1967 orquestada por Carlos Velo, quien a veces pareciera sólo cumplir con narrar. El resultado de la versión más reciente aún provoca división de opiniones, si acaso mejor valorada en tiempos actuales, para muchos sigue confirmando la consigna de que el mundo rulfiano no puede ser llevado al cine con plenitud.
Otras cintas que han tenido mejores opiniones (o que por lo menos no han sufrido el escarnio de los "rulfianos") se enlistan desde "Talpa"(1956) de Alfredo B. Crevenna, "¿No oyes ladrar los perros?"(1975) de Francois Reichenbach, "Diles que no me maten" (1985) de Freddy Sisso con la peculiaridad de ser una producción venezolana. Tal listado sirva para el cinéfilo que guste dar seguimiento al tema.
Parece que sólo el mismo Rulfo podía llevarse a sí mismo al cine, pero no por intención sino por omisión: "El Gallo de Oro" (1964) de Roberto Gavaldón es la única historia que fue llevada con buen resultado de acuerdo a los parámetros de la época. Pero ello fue debido a que el escritor no había publicado la novela con cual compararla pues, según dijo el propio Rulfo, el manuscrito había sufrido la deconstrucción (o destrucción) por parte de un productor cinematográfico. Curioso sería que no intentara rehacerla. ¿Por qué lo habría dejado pasar? Luego Ripstein la reversionaría veinte años después adaptada al propio estilo del cineasta: "El Imperio de la Fortuna" (1986) me parece más de Ripstein que de Rulfo.
Para gracia de todo el mundo el mejor Juan Rulfo se quedó en sus libros. Para el cine su Pedro Páramo sigue vedado con justicia y parece que aún no hay quien pretenda llevar a Comala al celuloide, ya sea por miedo o por respeto que a fin de cuentas son caras de la misma moneda.





















