lunes, 19 de mayo de 2014

Palomazo Cine Piojito presenta: Yi dai zong shi (El Gran Maestro, 2013) de Won Kar Wai… o la historia del Kung Fu es una historia de China.


Desde el cartel y las primeras escenas Yi dai zong shi parecería una película de artes marciales tipo Budo pero, para decepción de la audiencia que esperaba tal cosa merced a las coreografías combativas del famoso Yuen Woo-ping, no lo es. Y la razón está desde su autor, el reconocido Won Kar Wai y su historial de obras de arte por mencionar Ah fei zing zyun (Días salvajes, 1990), Chung Hing sam lam (Chunking Express, 1994), Duo luo tian shi (Ángeles Caídos, 1995), Chun gwong cha sit (Happy Together, 1997) y  Fa yeung nin wa (Deseando amar, 2000) por mencionar las más recordadas. En todas ellas, los temas que más le interesan como la incomunicación de las personas, su estado de melancolía, el aislamiento social y la búsqueda del compañero ideal están muy presentes por lo que la pregunta era: ¿cómo iba a ser tratado eso en “El Gran Maestro”?

Ya Won Kar Wai había demostrado que el género no era un molde que lo encasillara. Desde Dung che sai duk  (Las Cenizas del Tiempo, 1994), su cinta que se remonta más en el pasado de los espadachines chinos, hasta 2046 (2004) que se avanza en el futuro al año del título, demostró que la condición humana prevalece a pesar de las condiciones temporales, así que situarse en la franja a mitad del siglo XX, durante la ocupación japonesa en China, no sería inconveniente para desarrollar su personal visión del cine.
Uno de sus actores fetiches, el magistral Tony Chieu Wai Leung encarnaría al maestro del Kung Fu Wing Chun: Ip Man, un aristócrata que no tiene nada más que hacer que practicar artes marciales durante los primeros 40 años de su vida, hasta que la intervención japonesa lo arroja dentro del drama de su pueblo. Pero además Tony Leung le presta una facultad para transmitir emociones que difícilmente tendría el personaje original: La serenidad inamovible se puede tornar deseo o nostalgia en la actuación de quien mejor ha sabido encarnar los personajes de Won Kar Wai.

El contrapunto de mayor peso lo proporciona la aparición de Ziyi Zhang en su actuación de la trágica Gong Er quien sería el último baluarte de un estilo de arte marcial condenado a desaparecer por motivo del machismo imperante en el ambiente de las artes marciales.

La unión de estos 2 caracteres representan una ópera china (a veces más equiparada a la occidental) y por ello aparecen las tradicionales representaciones marciales, pero la carga sentimental (ejemplificada en los funerales del padre de Gong Er y su última despedida de Ip Man en una calle solitaria) es el principal tema de la cinta, que mezcla contemplación con filosofía al más puro arte marcialista.

El proyecto duró muchos años en preparación. El perfeccionismo de Won Kar Wai le imprimió lentitud a la producción. La fotografía de Philippe Le Sourd (nominada al Oscar junto al diseño de vestuario) aunada a los valores de producción son dignos de encomio, pero el punto más frágil de la película radica en su edición: falta de ritmo sin lugar a dudas puede resultar de lenta a pesada para algunos espectadores. Esto se acusa en el personaje de “La Navaja” cuyas apariciones no tienen un peso específico en la película y estorban en la narrativa de la relación de los dos personajes principales.


Ciertamente no quedará en la memoria de los fans de Won Kar Wai como una de sus mejores películas (sí una de las mejor logradas visualmente), pero tampoco caerá en el olvido pues vale la pena revisarla. Y es que, cuando un artista es de altos vuelos, hasta sus trabajos no logrados son dignos de aprecio.

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