Te pasas todo el año anhelando que llegue su fin, que hayan vacaciones para hacer todas las cosas que pospusiste, para emprender tus verdaderos proyectos (pseudo Einstein/ Da Vinci), para ver a tus amigos y para descansar. Algo parecido al paraíso.
Hasta que llega el esperado día... y nada: estas cansado, hace frío, no sales de la cama, tus amigos están de vacaciones (lo más seguro es que estén igual de apáticos que tú pero le hacen al turista) y se te van las horas en limpiar basuritas mientras la puerta de la cochera sigue caída y sin pintar o los estantes sin ser colocados en la pared porque ni siquiera tienes taladro.
Fiasco total.
A eso agrégale las reuniones familiares, que sí están muy bonitas la principio mientras no pasen los primeros 20 minutos antes de empezar a fastidiarse con los mocosos monsergas o con los primos beodos que empiezan a ponerle piquete al ponche. Bien, todo eso pasa, es una película que ya te la sabes y la vives cada año.
Lo gacho empieza cuando empiezan las doce campanadas para el cambio de año y allí es cuando. Mientras tenías 15 años toda la vida la tenías por venir, ahora a los 50 gran parte de la vida ya ha sucedido y muchas cosas ya no las puedes cambiar. Es como si todos tus errores vinieran a tu puerta, como los fantasmas de Scrooge, a recordarte que si hubieras hecho tal o cual cosa diferente estarías habitando ahora una realidad alterna. ¿Es eso vida?
A mí que no me engañen los terapeutas, el pasado está allí y lo recuerdas lo quieras o no, por mucho que te autoterapies con tu librito de Paulo Cohelo.
La pregunta es irremplazable: ¿Valió la pena o cambiarías algo?
Si dicen que lo que no tiene remedio es la muerte, también vale preguntarse si estamos dispuestos a romper nuestro mundo, el que tuvimos la fuerza de crear o al que llegamos arrastrados por debilidad o apatía, para volver a levantar el que siempre soñamos y que nos merecemos. La cuestión es el tiempo porque ése, opines o calles, no se detiene y se corre el riesgo de reiniciar el ciclo en cuanto inicie otro periodo y vuelvas a la rutina.
A ver quién tiene respuesta...
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